Conserva y mejora los valores naturales y paisajísticos, protege la biodiversidad y avanza hacia territorios más sanos, conectados y resilientes.
El territorio constituye el soporte sobre el que interactúan los sistemas naturales, rurales y urbanos y, por tanto, un elemento esencial para integrar la acción climática en la planificación territorial y urbanística.
En Canarias, las características propias de un territorio insular, junto con las presiones derivadas de los usos humanos, condicionan la exposición y vulnerabilidad de los ecosistemas, la biodiversidad y el paisaje frente a los impactos del cambio climático. El aumento de las temperaturas, los cambios en los patrones de precipitación, la mayor incidencia de determinados fenómenos extremos o la subida del nivel del mar pueden alterar la distribución de las especies, la funcionalidad de los ecosistemas y los servicios que estos prestan a la sociedad.
Ante este escenario, la ordenación del territorio debe contribuir a reducir la vulnerabilidad, reforzar la capacidad adaptativa y aumentar la resiliencia de los sistemas socioecológicos. Para ello, resulta fundamental incorporar criterios climáticos en la conservación y restauración de los ecosistemas, favorecer la conectividad ecológica, reducir las presiones no climáticas y preservar los procesos naturales que sostienen la biodiversidad y el funcionamiento del territorio.
Los ecosistemas en buen estado de conservación desempeñan, además, un papel estratégico frente al cambio climático. La protección y restauración de la naturaleza puede contribuir simultáneamente a la adaptación y la mitigación, mejorar la regulación hídrica y climática, reducir determinados riesgos naturales y generar múltiples cobeneficios para la salud, el bienestar y la calidad de vida de la población. Esta relación entre conservación, servicios ecosistémicos y resiliencia ya constituye uno de los argumentos centrales del área TPB en la Guía.
Figura 1. Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, La Palma. Fuente: www.holaislascanarias.com
De cara a la recuperación ecológica, la Estrategia de la UE sobre Biodiversidad para 2030 establece la necesidad de “reconciliarnos con la naturaleza” para poder hacer frente a los retos que trae consigo el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la estrecha relación que tiene la destrucción de los ecosistemas y la propagación de pandemias. En este sentido y considerando el marco de la Agenda 2030, el área temática Territorio, Paisaje y Biodiversidad se alinea de manera directa con los siguientes Objetivos de Desarrollo Sostenible:
Objetivo 3: “Garantizar una vida saludable y promover el bienestar para todos y en todas las edades”.
Objetivo 13: “Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos”.
Objetivo 14: “Conservar y utilizar de forma sostenible los océanos, mares y recursos marinos para lograr el desarrollo sostenible”.
Objetivo 15: “Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras, detener la pérdida de biodiversidad”.
Desde la óptica nacional y considerando la Agenda Urbana Española, el Área Temática asume el objetivo estratégico número 1 “Ordenar el territorio y hacer un uso racional del suelo, conservarlo y protegerlo”.
Figura 2. Relación del área temática Territorio, Paisaje y Biodiversidad con la Agenda 2030 y la AgendaUrbana Española. Fuente:elaboración propia.
El buen estado de conservación de los ecosistemas terrestres y marinos es esencial para mantener los servicios ecosistémicos de los que depende la sociedad: la provisión de alimentos, la regulación y calidad de los recursos hídricos, la regulación climática, la conservación del suelo o la protección frente a determinados riesgos naturales, entre otros.
Conservar y restaurar la naturaleza permite, por tanto, actuar simultáneamente sobre la biodiversidad, la adaptación al cambio climático y el bienestar de las personas. Unos ecosistemas funcionales y resilientes contribuyen a reducir la vulnerabilidad del territorio y de los medios de vida frente a los impactos climáticos, reforzando además el vínculo existente entre salud humana, salud de los ecosistemas y biodiversidad.
Canarias presenta unas condiciones especialmente singulares. La insularidad, la orografía, los vientos, las corrientes marinas y la proximidad al continente africano han favorecido una elevada diversidad ambiental y biológica. Al mismo tiempo, estas características hacen que numerosos ecosistemas y especies puedan resultar particularmente sensibles a la modificación de las condiciones climáticas.
A esta vulnerabilidad se suman otras presiones de origen humano, como la transformación y fragmentación del territorio, la explotación de los recursos naturales o la elevada intensidad de determinados usos. Cambio climático y presiones no climáticas pueden actuar conjuntamente, incrementando los riesgos para la biodiversidad y reduciendo la capacidad de respuesta de los ecosistemas.
Por ello, la planificación territorial debe contribuir a reducir estas presiones, conservar y restaurar los ecosistemas y reforzar su capacidad adaptativa, evitando intervenciones que puedan generar procesos de mala adaptación. Este enfoque, coherente con los principios de adaptación promovidos por el PNACC, permite aprovechar el papel de la naturaleza para reducir riesgos y generar múltiples cobeneficios ambientales y sociales.
El siguiente diagrama sintetiza las principales relaciones entre los cambios en el clima, los riesgos asociados y sus potenciales impactos sobre el área temática Territorio, Paisaje y Biodiversidad.
Figura 3. Diagrama de impacto del cambio climático en el área temática Territorio Paisaje y Biodiversidad. Fuente: Elaboración propia.
El cambio climático interactúa con las presiones existentes sobre el territorio y puede intensificar sus efectos sobre los ecosistemas, la biodiversidad, el paisaje y el medio rural. Para abordar estas relaciones desde una visión integrada del territorio, el área temática Territorio, Paisaje y Biodiversidad (TPB) se estructura en cuatro ejes de integración:
Eje 1 (TPB.1) · Ecosistemas naturales. Aborda la conservación y el fortalecimiento de los ecosistemas canarios frente al cambio climático, prestando especial atención a su vulnerabilidad, resiliencia y capacidad adaptativa. El eje profundiza en la infraestructura verde y azul, la conectividad ecológica y los servicios ecosistémicos como elementos fundamentales para conservar la biodiversidad, reducir riesgos y generar cobeneficios para la sociedad.
Eje 2 (TPB.2) · Patrimonio y paisaje. Analiza la relación entre paisaje, patrimonio cultural e identidad territorial ante un clima cambiante. Pone en valor el conocimiento tradicional y la memoria del territorio como recursos para la adaptación, al tiempo que aborda la transformación de los paisajes y la necesidad de conservar aquellos elementos naturales y culturales que contribuyen a su diversidad, funcionalidad y resiliencia.
Eje 3 (TPB.3) · [Eco]sistema rural. Plantea la transición hacia sistemas rurales y agroecosistemas más sostenibles, diversos y resilientes, capaces de adaptarse a unas condiciones climáticas cambiantes. La agroecología, la producción de proximidad y la soberanía alimentaria adquieren un papel estratégico para reducir dependencias externas, conservar la biodiversidad agraria y reforzar la capacidad de respuesta del territorio rural.
Eje 4 (TPB.4) · Sinergias ecosistémicas. Explora las interacciones entre los sistemas naturales, rurales y urbanos y las oportunidades que surgen de gestionarlos de forma integrada. Las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN), los ecotonos y la conectividad del paisaje se plantean como herramientas para aprovechar los procesos naturales,generar cobeneficios y construir territorios más resilientes frente al cambio climático.